Está situada en el punto más elevado del Cerro de Santa Catalina, a escasa distancia del Alcázar Nuevo (Castillo Nuevo de Santa Catalina), y desde donde se tienen las mejores vistas panorámicas de toda la ciudad, de las sierras, de los olivares. Se accede a ella a través del Camino de la Cruz.
Recuerda la que en aquel lugar mandó colocar Fernando III al entrar en la ciudad en la primavera de 1246. El jefe de sus tropas al entrar en el castillo, hincó su espada como signo de posesión, donde hoy se ubica la cruz. Conoció el rey este hecho y manifestó su júbilo por haber pasado esta tierra del dominio de los infieles a los cristianos y mandó hacer una cruz grande de madera que sustituyera a la espada clavada en la tierra.
En un principio fue una sencilla cruz de madera.
De su renovación y cuidado se encargaron, por mandato del rey, las monjas del convento de las franciscanas clarisas, las cuales cumplieron el regio encargo a lo largo de los siglos…”Es mi voluntad que esa cruz no falte nunca y os encomiendo que cuantas veces se caiga o destroce, la repongáis”…
Hacia 1840 las monjas no pudieron cumplir con el mandato y el obispo de la diócesis trasmitió el privilegio a una familia de Jaén, Don José Balguerías Brunet y sus descendientes que siempre han cumplido este menester con toda diligencia.
No obstante en 1950 siendo alcalde Alfonso Montiel Villar, solicitó a la citada familia que le permitiese cambiar la cruz de madera por otra de hormigón armado, que es la que hay en la actualidad.
Hay una lápida con la dedicatoria de la familia Balguerias donando la cruz al pueblo de Jaén: «Esta Cruz, siguiendo piadosa tradición, ha sido costeada y donada al pueblo de Jaén, por los hermanos de doña Dolores y don Eduardo Balguerías Quesada. Jaén, Octubre de 1951» .

